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Reseña sobre "Hamlet duele o el eco de los aplausos que ya no resuenan", de Hugo Martínez.

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El viernes pasado (14/10) fui a ver la última función de "Hamlet duele o el eco de los aplausos que ya no resuenan", de  Hugo Martínez , en el Espacio Sísmico.   El tiempo, el espacio y el conflicto eran imprecisos. Se desdoblaban y se fusionaban los del 1600 de Elsinor con el presente, a mi entender, con el presente de la función. El vestuario estaba compuesto por remeras y calzas negras, que después cambiaban de color. Y el texto tenía poco valor al lado de los innumerables desplazamientos, contactos y apoyos de los cuerpos en escena (11 en total, 8 mujeres y 3 hombres).  Por un lado, los tres actores expresaban de manera acentuada un aspecto de Hamlet:  Julian Fuentes;. E l cuerpo, relajado, entrenado y dispuesto a desplazarse constantemente;  Federico Díaz;. L a voz, bien proyectada, articulada y muy resonante; y  Rodrigo Fedele;. E l espíritu, con su particular forma de caminar y gestualizar.  Por otro lado, las ocho actrices encar...

Reseña sobre “El grado cero del insomnio”, de Emilio García Wehbi.

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“Esta obra no es un espectáculo teatral”  advierte una de las 9 protagonistas en la introducción. Estalla una música jazz y el resto de sus compañeras se presentan. Inyectadas de energía, con una sonrisa de oreja a oreja, ojos bien abiertos, maquillaje excesivo y un look ochentoso, las actrices estaban vestidas con lo más ajustado posible: minifaldas, tops, medias cancán, mallas, que remiten a los programas de tv para hacer ejercicios aeróbicos, y zapatos con taco aguja. Armaron un trencito y todas empezaron a mover sus brazos y sus cabezas a los costados, manteniendo muecas. Después, tres de ellas trajeron una mesa y varias sillas, mientras el resto mantenía la coreografía. De repente, la música se cortó y todas se acomodaron en unas sillas. Aquí comienza el desarrollo, el cual no consta de personajes, lugares o escenas ya que  “Esto no es un espectáculo teatral” . Los parlamentos de cada una se desarrollaban y se interrumpian por los de otra. Por lo tanto, mantener la c...

Reseña sobre "Garpa", de Aymará Abramovich y Nicolás Bolivar.

Desde el momento en que me senté, percibí un clima diferente al de los otros espectáculos que vi en el Ciclo Teatro Bombón aquel día. Quiero aclarar que nunca había ido a un evento que involucrara el ballet. La obra comenzó de esta manera. Con una música lenta y una luz tenue, Aymará estaba de perfil frente a la mirada del público, contra la pared y se apoyaba en la barra horizontal de la pared. Daba pasos cortos y luego volvía sobre ellos lentamente, girando sobre su eje y moviendo los brazos extendidos hacia arriba; su mirada estaba fija en Nicolás. Él demostraba un gran despliegue y naturalidad, sin forzar absolutamente nada de su cuerpo. El volumen de la música empezó a crecer y logré entrar en el clima. Pero en un momento estalló una batahola, porque al “director ruso de su obra”, cuya participación a lo largo de la función es mínima e imprescindible, le pareció aburrida y repetitiva su danza. La pareja de bailarines empezó a discutir y ahí se inauguró el conflicto: la búsque...